
Hugo Zepeda Coll
Para mí constituye un señalado honor dirigirme a ustedes esta noche, para contribuir en la presentación del libro de nuestro gran amigo Jorge lbáñez Vergara "O'Higgins, El Libertador".
Primero que nada, quisiera decir algo de don Jorge lbáñez, a quien conozco desde hace 40 años. Toda una vida. A mi me ha ocurrido con él lo que me ha acontecido con otras personas ilustres de este país: que durante muchos años he convivido con alguien sin apreciar en plenitud todo aquello que podían dar a nuestro medio social. Largas conversaciones con el señor lbáñez sobre temas culturales, me permiten asegurar que es hombre realmente de una formación superior, de una sabiduría histórica bastante profunda.
Hace cuatro años que conversamos sobre Ambrosio O'Higgins y sobre el sistema colonial chileno, y posteriormente cuando me anunció que escribiría el libro sobre don Bernardo O'Higgins, en realidad ahí me di cuenta que estaba frente a un verdadero estudioso, a un gran investigador y sobre todo a un real intérprete de la verdadera historia patria, lo que no es común encontrar. Por eso es que hoy al comentar su libro "O'Higgins, El Libertador", me embarga una muy legítima emoción.
Don Bernardo O'Higgins, es sin duda alguna, una figura señera de nuestra patria, y no solamente de la independencia, sino que a lo largo de los años vemos como su personalidad se ha ido proyectando en nuestras instituciones, en esta sociabilidad, en nuestra organización jurídica, en nuestra educación e, incluso, en materias de índole religiosa como lo vamos a probar al final de esta intervención. Don Bernardo O'Higgíns - tal como lo expone muy bien Jorge lbáñez, en su libro -constituye una figura profético; debido a su formación, él logró escudriñar el porvenir de la patria a la cual le dio libertad, y no solamente a la patria sino que toda América tuvo su influencia, porque O'Higgins no solamente era chileno, sino que también un ciudadano de América. Don Bernardo O'Higgins tuvo su primera formación -en cuanto su condición de estadista visionario-, en su relaciones en Londres con don Francisco de Miranda, el precursor de nuestra independencia americana. Esas largas reuniones con él - donde fue sin duda alguna su discípulo más aventajado -, ese abandono en el cual el joven Bernardo estaba en Londres con un padre lejano, que ni siquiera le contestaba sus cartas y una madre que no conocía, prácticamente; en esa soledad forjó - como en un verdadero crisol - las ideas que más tarde proyectarían nuestra patria.
El Libertador fue un hombre solitario; O'Higgins no conoció las ternuras y cariño de una madre, sino hasta que tenía 24 años de edad. Su padre más que nada, era un buen funcionario - tal vez el más importante funcionario colonial español en el siglo XVIII -, que más que nada cuidaba su carrera y de acuerdo con las leyes españolas. Este hijo, don Ambrosio lo mantenía oculto y con exageración, porque no es ningún delito que tuviese el hijo... lo que le estaba prohibido era contraer matrimonio, sin autorización de la Corona, con personas criollas del lugar donde ejercía funciones administrativas; primero, como Intendente de Concepción, luego como Gobernador y Capitán General de Chile y posteriormente, como Virrey del Perú. Esta prosapia O'Higginiana forja también a nuestro Libertador en el sentido de encontrar en su padre no un modelo de progenitor; pero si un modelo de administrador leal, un modelo de organizador y un estadista insigne, porque don Ambrosio O'Higgins revestía todas estas características y condiciones. Este ejemplo también plasma la personalidad de don Bernardo, y por el lado de su madre recibe esta fuerza criolla, esta nueva raza que emergía dentro de nuestro territorio; esa sangre propia del chileno, sangre ardiente, sangre de pasión, sangre generosa que él supo verterla cuando fue herido, también, en la profundidad de ese amor que tenía por su patria.
De su parte heredó esa formación irlandesa, y además un círculo de amigos que con él va a tener mucha importancia. Don Bernardo O'Higgins aprendió - y lo hablaba perfectamente - el idioma inglés y por lo tanto se relacionaba en esa lengua con gente como Mackenna, María Graham, Lord Cochrane, con los delegados, cónsules norteamericanos y visitantes que venían a Chile; tradujo obras, era un hombre de vena artística, tocaba el piano y el acordeón perfectamente bien, además de la armónica y la guitarra, un hombre de gran sensibilidad. Fundó siendo Presidente- el Teatro La Comedia. Era un hombre de plena vida de tertulias de carácter intelectual y artística, vena que también hay que rescatar en un hombre como O'Higgins, para que podamos comprender que su formación era de un verdadero humanista. Un humanista aprende a conocer al hombre, y cuando conoce al hombre aprende a amarlo, y aprende a amar todo aquello que es propio al hombre, especialmente su atributo más excelso que es el de ser libre. Y ahí nace entonces ese profundo y acendrado concepto de valorar la libertad que tiene el padre de nuestra patria don Bernardo O'Higgins. También encontramos en don Bernardo, gracias a esta formación humanista, el conocimiento de los hombres y el poder soportar en forma estoica las adversidades de la vida no solamente de su niñez, su juventud y también en su vida madura.
¿Quién conoció más las ingratítudes humanas que nuestro padre de la patria?. Intervino muchas veces para salvar la vida a condenados a muerte y el pago que recibió fue la ingratitud. Al abdicar al mando supremo de la nación, el 28 de enero de 1823, recibe todo tipo de garantías de la Junta que lo reemplazó, y se le ofrece el mando de un ejército destinado al Perú; pero pocos días más tarde, el que fue su sucesor lo tomó preso en Valparaíso. Y entonces tuvo que irse desterrado definitivamente al Perú, no pudiendo ir donde el deseaba -a vivir en Irlanda- porque no tenía como pagar el pasaje de su familia. Esta circunstancia prueba, además, esa probidad personal de don Bernardo O'Higgins. Un hombre con el poder que tuvo, no lo utilizó para mejorar su situación económica. Era un hombre capaz: vemos como trabajó la hacienda agricultor Las Canteras, vemos como trabajó posteriormente Montalvan. Como era evidentemente progresista. Fue él quien introdujo, por ejemplo, el uso del arado de fierro, sistemas ingleses de apotreramiento para las siembras, arboles frutales, casas de campo, tanto para él como para sus inquilinos, el mejoramiento social de las personas que con él trabajaban, ese contacto personal, esa disciplina del trabajo lo hicieron un agricultor excepcional y ahí lograba ganar dinero, multiplicaba precisamente aquello que había recibido, y sin embargo no tuvo suerte en Las Canteras, destruida por los realistas durante el período que llaman de la reconquista española, y en el Perú, en la hacienda Montalván, hasta un año antes de morir vivía agobiado por las deudas que había contraído para trabajar esas tierras. A sus sucesores les dejó, sin embargo, una hacienda totalmente saneada en lo financiero y económico.
En don Bernardo O'Higgins, hay algo que en la historia de Chile nosotros casi no conocemos. Me voy a colocar en una situación que yo tenía cuando estudiaba la historia de Chile, en los últimos años del liceo, y en la Escuela de Derecho, y retrotrayéndome a aquel tiempo me doy cuenta que sabía la historia de la independencia de nuestro país solamente en algunos atisbos, algunas pinceladas llenas de resquemores y dependía mucho de la tendencia del profesor, si acaso era de una u otra tendencia, en cuanto a sus preferencias de los padres de la patria. Pero uno no conocía cabalmente la historia de nuestro libertador, como la ha presentado hoy día nuestro amigo Jorge lbáñez. No solamente a O'Higgins podemos reputarlo el padre de la Patria Nueva, sino también tenemos que reconocerlo como el padre de la Patria Vieja; el militar O'Higgíns, un hombre que sin tener grandes conocimientos de orden estratégico y de orden táctico, dejó tantas cosas como ejemplo. Para empezar, qué es estrategia y qué es táctica ( la gente cree que son palabras sinónimos y no es así ); la estrategia es el arte de conducir las tropas al campo de batalla y la táctica el arte de desenvolver dichas tropas dentro del campo de batalla. Hay grandes generales que son tácticos o estrategas; pero lo ideal es que tengan ambas condiciones. Rommel fue un gran táctico pero por condiciones propias no podía ser un gran estratega; Napoleón fue un gran estratega pero un mal táctico, si no habría ganado la batalla Waterloo; Alejandro fue amabas cosas y así muchos otros hombres. Don Bernardo O'Higgins tuvo la humildad de recibir instrucción militar de un sargento que le asignó el general don Juan Mackenna para que lo adiestrara en las artes de la guerra, y estuvo tres meses preparándose. Así vemos entonces como logra actuar en varias batallas correspondientes a la Patria Vieja, en la cual tuvo precisamente éxito. No nos olvidemos de su propia frase "o vivir con honor o morir con gloria". Finalmente derrotado el ejército patriota de Rancagua, por circunstancias que no es el caso analizar, no podemos echarle la culpa precisamente a O'Higgins porque fueron un cúmulo de errores cometidos también por otras personas. Su presencia en Argentina en la estructuración del Ejército de Los Andes fue decisiva. O'Higgins jamás pretendió grandes cargos, y solamente fue General en Jefe de las tropas chilenas durante la guerra de Patria Vieja cuando, con insistencia, se lo pidió en reiteradas ocasiones el propio don José Miguel Carrera. Junto con San Martín formó el Ejército Libertador del Perú, gracias al esfuerzo financiero chileno. No llega a Maipú por estar gravemente herido; pero interviene en la gestación de la gran batalla de Maipú. Y no nos olvidemos, también, que las tropas realistas normalmente eran dirigidas por oficiales de larga trayectoria y probada competencia: el General Sánchez, el General Gainza, y sobre todo el General Osorio. Todos fueron de extraordinaria capacidad militar, además de Marco del Pont, que fue un héroe en España en la guerra en contra de Napoleón. Desgraciadamente la historia que nosotros aprendemos es otra. Marco del Pont, que era un poco vanidoso, se ponía todos sus títulos y traía más o menos 35 baúles en varias carrozas. Por ahí le descubrieron que traía una tina de baño, y entonces entraron las graves sospechas en la sociedad santiaguina de que el señor Marco del Pont se bañaba todos los días, y eso no era concebible en un hombre, que tenía que ser feo, hediondo y peludo; entonces por eso mismo creyeron que esto era una señal de afeminamiento de¡ gobernador; pero, debemos reconocer que Marco del Pont no era un mal estratega ni tampoco era un mal militar, y además era un hombre valiente; lo que pasa es que se ensombrece su gobierno, despótico y autoritario, sobre todo en la parte que dirigió su amigo el capitán San Bruno. Los errores cometidos en esta etapa histórica - que aborda muy bien e imparcialmente nuestro amigo Jorge lbáñez -, después de Chacabuco y Maipú impidieron la consolidación de la independencia nacional hasta los confines sureños de la patria: Desgraciadamente quedaron bolsones realistas, quedaron montoneros de Concepción al sur, que prácticamente perturbaron por muchos años la completa independencia de Chile; pero tales errores no son de responsabilidad, como destaca nuestro amigo lbáñez, de O'Higgins.
Debemos señalar que en ese momento ya había nacido O'Higgins el geopolítico, porque una de las virtudes principales de O'Higgins fue ser un gran estudioso de la geopolítica. El ejemplo está en la estructuración de la escuadra libertadora hacia el Perú junto con el ejército libertador, sin auxilio a pesar de los muchos ofrecimientos que nos había hecho la república hermana del Mar del Plata, obligando a Chile a enfrentar solamente con el esfuerzo interno esta magna obra de consolidación de la independencia americana, y la escuadra chilena - el fundador de la marina que fue don Bernardo O'Higgins asesorado por su ministro de la guerra don José Ignacio Zenteno - consolidó la independencia de América, porque gracias a esa poderosa escuadra España no pudo mandar por el Cabo de Hornos grandes auxilios para poder asistir al virreinato del Perú que ya estaba prácticamente siendo invalido por el ejército libertador. Al respecto, es conveniente, para puntualizar las verdades históricas, que nosotros nos detengamos un instante en algo que aprendí gracias al libro de nuestro amigo lbáñez: la actitud norteamericana. Norteamérica parecía el gran amigo de Chile. Poinsett el asesor de Carrera y una serie de otros cónsules, se creían nuestros asesores, nuestro amigo. Bueno, no era tan así; sus empréstitos no eran muy generosos que digamos y también se ha sabido que se abastecían de buques, de armamentos, al virreinato del Perú, que estaba en guerra con Chile; por lo tanto muchas de sus actuaciones no tenían precisamente el sentido de aquella frase que más tarde Monroe consagraría: "América para los americanos".
Don Bernardo O'Higgins como geopolítico supo concebir también la importancia de los confines australes de nuestra patria: habla del polo, de las islas Shetland del sur, del Estrecho de Magallanes y su importancia; la necesidad de tener vapores que remolquen a los buques que por allí transitan. Además don Bernardo O'Higgins, con 160 años de anticipación, pudo avizorar algo importantísimo: la necesidad de integrar a nuestros pueblos autóctonos a la nacionalidad chilena y a nuestra patria como ciudadanos de primera clase, y esto fue una política que él plantea por primera vez en América. Ahora la labor de estadista: como educador, don Bernardo O'Higgins, restablece el Instituto Nacional, le da un nuevo reglamento, forma una escuela de artes, se preocupa fundamentalmente de la educación, señalando "que no es posible que valgan la libertad e independencia de un pueblo si no existe una verdadera educación para sus hijos". Además - personalmente yo estoy orgulloso de decirlo - fundó el liceo en el cual me eduqué. El 7 de abril de 1821 fundó el Liceo La Serena, todavía nosotros cantábamos el himno del liceo rindiendo homenaje a O'Híggins: "padre O'Higgins que alzaste estos muros a la sombra inmortal del laurel".
También don Bernardo O'Higgins tuvo una política fiscal importantísima, creó el Tribunal de Cuentas, que prácticamente fue el antecedente de lo que hoy es la Contraloría General de la República, para fiscalizar los gastos públicos; creó durante sus gobiernos dos constituciones la de 1818 y la de 1822 y gobernó con un Senado. Se habla de la dictadura de O'Higgins, pero en la realidad no había dictadura legalmente, porque la estructura jurídica daba todos esos poderes al Director Supremo; en el orden personal siempre veló por la grandeza de su patria y no debemos desconocer tampoco la política religiosa de don Bernardo O'Higgins, y es muy curioso hablar de él en cuanto religioso: se educó con los franciscanos de Chillán, con gran influencia del padre Francisco Javier Ramírez, y del padre Gil Calvo quienes lo forjaron en muchos aspectos de la nobleza. Él mantuvo una confesión religiosa en Inglaterra donde se educó en un colegio católico; en Chíle no era un hombre observante en materias religiosas y por el contrario tomó algunas medidas que podrían calificarse de anti religiosas, pero las ideas no eran anti religiosas, eran anti cierícales respecto de aquellas partes del clero que fueron realistas; no hay que olvidar que el obispo Villodres, de Concepción, y sobre todo el obispo Rodríguez Zorrilla, de Santiago, eran abiertamente realistas y contrarios a la independencia nacional; por lo cual tuvo que desterrarles, y para eso también contó con la asesoría de personajes tan importantes y también religiosos como los hermanos Larraín, como don Camilo Henríquez, sobre todo don José Ignacio Cienfuegos. También don Bernardo O'Higgins tuvo que intervenir prohibiendo ciertas prácticas que se hacían en las procesiones nocturnas, en las cuales se faltaba gravemente a la moral, y se ponía en riesgo a las personas por las flagelaciones que se hacían; fundó los cementerios y planteó una cosa muy lógica: trasladar desde las iglesias a los cementerios los muertos que en ellas se enterraban. Cuestionaba, por razones sanitarias, que los feligreses estuvieran rodeados de muertos cuando asistían a misa. Mucha veces quedaban mal cerradas las urnas y mal cerradas las tapias de las sepulturas y había que soportar un hedor a muerto mientras se asistía a los oficios religiosos. Tuvo ataques por parte del clero realista, pero también el clero patriota lo defendió. Algo muy curioso de don Bernardo O'Higgins: podíamos llamarlo como un verdadero precursor del Concilio Vaticano lI. Yo no tenía la menor idea y gracias a nuestro amigo Jorge lbáñez lo sabemos. Investigaciones que se han hecho de sus escritos en Lima, establecen que hay una carta escrita en inglés que dirigió precisamente al Papa, en la cual plantea que uno de los graves problemas de la religión católica es el grado de alta intolerancia que tiene para otros credos, y que es necesario lanzar ciertas reformas que pongan a la iglesia en la actualidad con los tiempos que se viven; plantea también una sede de otras ideas de avance religioso muchas de las cuales fueron consagradas en el Concilio Vaticano lI; por lo tanto Bernardo O'Higgins tenía ideas en este aspecto de carácter religioso. Los últimos años de su vida fueron bastante observantes en Lima.
Respecto de la pertenencia a la logia Lautarina, sin duda alguna fue su dirigente y uno de los grandes problemas que tuvo su gobierno fue la hegemonía de la logia Lautarina. Se ha discutido mucho si la logia Lautarina era o no una institución de la francmasonería y leyendo con detención al señor Ibáñez, además de otros antecedentes que tengo, efectivamente no era una rama de la francmasonería, porque la logia Lautarina fundada por nuestro precursor Miranda, sólo tenía por objeto la emancipación de América y la libertad de estos pueblos; era una logia operativo en el sentido de realizar la independencia y consolidarla, no tenía por objeto el tener un carácter de tipo filosófico ni tampoco luchar por la perfección humana, ni construir un templo ideal que es el propio de la francmasonería- por lo tanto no era un logia de carácter masónico. Ahora sí él personalmente fuera masón o no, hay discusiones; parece que no lo fue, sin embargo, lo fueron otros padres de la patria y para empezar: San Martín, Bolívar, José Miguel Carrera, y muchos otros más... sobre todo Manuel Blanco Encalada, que fue el que fundó la primera logia oficial aquí en Chile en el año 1827. No se sabe con certeza si hubo logias antes de esa época constituidas de acuerdo a los ritos de carácter masónico. La logia Lautarina coincidía con la masonería en cuanto era inicíátíca y en cuanto también tenía carácter secreto. En vida de¡ Papa Pio Nono, del canónico que estuvo aquí en una misión convocada por el estadista O'Higgins, tuvo el éxito de obtener del Vaticano que se regularizaran las situaciones que estaban pendientes con la iglesia. Se ha hablado que él habría sido iniciado masón aquí en Chile. No parece que eso sea exacto; parece que Pio Nono fue iniciado en la década del 30 entre la francmasonería en Sicilía, pero no aquí en Chile; oficialmente la masonería en Chile empezó a funcionar más o menos en el año 1827. Antes había personas que eran francmasones sobre todo extranjeros residentes; pero parece que no constituían prácticamente logias formales. Don Bernardo O'Híggins usaba sí un cierto lenguaje, que se podía decir que era de orden masónico, el gran hacedor, el gran dispensador de los favores, hacia el género humano, etc.; pero eso era común después de la ilustración del siglo XVIII ya no se usó mucho la palabra Dios sino que se usaba la palabra dignidad o divina providencia. No hay que olvidar también que O´Higgins por su formación educacional, tuvo gran influencia religiosa. Especialmente en él tuvo gran importancia la carta de la tolerancia de John Locke, y don Bernardo O'Higgins es realmente hijo de la ilustración por la influencia de Miranda. Y en el aspecto religioso tiene una visión muy racional, por teología natural más que por teología sagrada, de probar y de mostrar la existencia de Dios más por el criterio de la razón humana que por la fe.
Y esto para terminar. Debemos decir que Bernardo O'Higgins como hombre tuvo defectos, como los tenemos todos nosotros; sin embargo, en él prevalece la generosidad, a pesar de las ingratitudes. Las cosas que ocurren en la niñez son elementos que van formando nuestro carácter. Es imposible que podamos despojarnos verdaderamente de ellas; por eso existe similitud tan grande entre el tratamiento que recibió de su padre don Ambrosio, con el tratamiento que él hace de su hijo Demetrio. Misteriosamente, quien era tan generoso, tan bueno -como nos cuenta Jorge lbáñez- con su madre, con sus hermanas e incluso con personas allegadas, no lo demuestra nunca con su hijo Demetrio.
Además, hay otra cosa que decir respecto de esto: en contra de O'Higgins por primera vez se usa el termino huacho como una palabra ofensiva. En el tiempo de la colonia existía el termino huacho; pero para quienes habían perdido a sus padres y aquí se le usa por su condición de hijo natural. Durante la colonia era normal la existencia de los hijos naturales, las viudas después de viudas se reían un poco en la fila y tenían uno o dos hijos, las solteras igual. Veo una existencia de una serie de personas que son hijos naturales; otros que son adoptados y otras cosas bastantes oscuras, oscuras incluso de piel. Si hubiera habido puras legitimidades, no estaríamos sentados en esta sala, ya que la raza chilena se formó precisamente de la fusión del pueblo español con el pueblo chileno, y ¿cómo se hizo nuestra conquista?. Nuestra conquista se hizo de tres maneras, con la espada del conquistados, con la cruz del misionero y también con el sexo libertino que es entregado al español; así nacimos nosotros, por lo tanto y esto en la colonia no era absolutamente motivo de rechazo de ninguna especie.
En el siglo XIX, al comienzo, tal vez por influirse del puritanismo inglés, se comenzó hacer cuestión de estos asuntos; pero, antes no existía -ahora tampoco existen, por supuesto-. Sin embargo en el siglo XIX era sumamente importante y comprendo que don Bernardo O'Híggins sintió alguna vez que le dolía por la manera como era tratado. Ahora, lo importante es que frente a él estamos - y con esto termino lo mismo que comencé - recordando no sólo al Libertador, no sólo al padre de la patria, sino que al hombre; aquel estadista que proyectó la grandeza de nuestra patria más allá de su siglo.


















