
Muchos de los 21.000 miembros que pertenecen hoy día a las sociedades gastronómicas de Donostia se sorprenderían al saber que hay quien relaciona el origen de estos lugares de reunión con una misteriosa fraternidad: la francmasonería. La Real Academia de la lengua define a esta entidad como una "asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales, y se agrupan en entidades llamadas logias".
Según cierta creencia, los txokos se fundaron para huir de esa permanente semiclandestinidad que ha acompañado durante siglos a la masonería.
Así lo recoge José Ramón Varela en su trabajo La masonería en el País Vasco. Apuntes históricos, un detallado análisis de la tradición de esta sociedad en la Comunidad Autónoma Vasca publicado en su página web JR Varela. Este estudio aparece recogido también por la logia masónica Gipuzkoa Fraternidad , una hermandad que pervive hoy día y cuya sede radica en Donostia. Varela, en sus trabajos, apunta no pocos indicios que vinculan los txokos con la fraternidad de la francmasonería.
Según el autor, la pionera La Fraternal data de una época en la que Donostia mantenía un contacto fluido con la vecina y liberal Francia: "No es difícil imaginar que en ese escenario, librepensadores inquietos se iniciaran en la masonería". La época les obligó a disimular aquellas reuniones enmascarándolas en una sociedad que, según sus estatutos, era para "comer y cantar", "dos funciones que se hacen en toda reunión masónica", recuerda el autor.
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Exclusividad masculina
La tradición establece además que las tenidas o reuniones rituales concluyen con un "ágape fraternal" entre todos sus miembros, por lo que la mayoría de los "templos" cuenta con cocina y comedor, al igual que los txokos vascos. En los encuentros de las logias, como ocurre en las sociedades gastronómicas, queda desterrada toda diferencia social, económica o de edad que puedan tener sus miembros, "siendo todos ellos, dentro de ese recinto, iguales en derechos y fraternales en su trato", subraya el escritor.
A su vez, este origen masónico explicaría la tradición exclusivamente masculina de las sociedades gastronómicas, ya que en las tenidas la entrada de las mujeres ha estado históricamente vedada.
Los títulos y los símbolos que identifican a las entidades donostiarras guardan también, al parecer, oscuros significados. La primera sociedad gastronómica de la localidad lleva el nombre de La Fraternal, "muy común en masonería y compartido por decenas de logias de todo el mundo", tal como ocurre con la denominación de los otros dos txokos más antiguos: La Unión Artesana y la desaparecida La Armonía. La Unión Artesana, además, aún mantiene su logotipo original, dos manos que se estrechan. "Un símbolo indiscutiblemente masón, el llamado toque del primer grado o de aprendiz", concluye Varela.


















