
Hablar de Fraternidad en estos tiempos que vivimos quizá no es difícil, probablemente nunca lo ha sido.
Sin embargo el practicarla como virtud, como esperanza de alcanzar la libertad en el sentido más amplio de la palabra, como ideal del humanismo integral para lograr sufragar las necesidades primarias, se ha trasformado en algo muchas veces difícil de realizar.
Es arduo el camino que nos conduce a entender que todo hombre de cualquier raza y credo es igual a nosotros mismos y merece los mismos derechos y obligaciones.
Idealmente es anteponer las necesidades de los demás a las nuestras y tratar de hacer posible la felicidad de todos. Es obrar un cambio interno y abordar de modo constructivo nuestros pensamientos y emociones.
Disponemos de muchas herramientas para crear una sociedad ética y pacífica, sin embargo estas herramientas aún no están siendo utilizadas de acuerdo a su máximo potencial.
Fundamental para nuestras relaciones son la amabilidad, la paciencia, la tolerancia, la humildad, la cuales tenemos que trabajar en una gama de terrenos inmensos.
Preocuparnos de los demás es una responsabilidad que de una u otra manera impregnan nuestros comportamientos políticos y sociales. Es un trabajo arduo y complejo, ya que de la noche a la mañana no seremos capaces de solucionar los problemas de la sociedad en su totalidad.
El mundo seria más fraternal y amable si pudiéramos lograr una disciplina interior, basada en la sabiduría y en la búsqueda de la verdad, para ello debemos encontrar una disponibilidad hacia nosotros mismos y hacia los otros, protegiéndonos contra las dispersiones ruidosas del mundo contemporáneo.
Saber cerrar los ojos para mirar hacia el interior, es la etapa concreta hacia una nueva toma de conciencia de nuestras vivencias, para enfrentar los problemas en el ámbito de la comunidad como en el ámbito individual.
Es muy importante por ello que la preocupación no sea sólo mediante la palabra sino también quede reflejada en los actos. Estamos hablando de ejemplos, de ahí que el entorno familiar tiene gran importancia para hacer recalcar en la formación integral de nuestros hijos estos pilares fundamentales; los valores en los cuales se basa la convivencia quedaran impresos de manera definitiva en la mentalidad de ellos.
La educación constituye una de las herramientas más poderosas en los esfuerzos por crear un mundo más pacífico, más tolerante, más fraternal.
La mitad de la población mundial no tiene cubierta sus necesidades básicas; alimentación adecuada, vivienda, salud, educación.
Por eso tenemos que poner en tela de juicios que vamos por el camino correcto.
El deseo que todos lo seres queden libres de sufrimientos nos obliga a ponernos en el lugar del otro, reconociendo la verdad de su sufrimiento y desarrollando una practica que busque eliminarla. Es necesario entonces superar el egocentrismo para poder comprometernos con el bienestar y la paz de la sociedad. Por lo tanto hay que cultivar la Fraternidad formándonos una visión basada en la empatía, lo que implica reconocer el dolor del otro.
DESARROLLO
Según el diccionario, Fraternidad es la unión entre los hermanos o entre los miembros de una sociedad: “La Fraternidad es la mas noble de las obligaciones sociales “.
Lamentablemente aunque el ser humano nace del amor de dos personas, se desarrolla y evoluciona en un proceso de formación junto a sus semejantes y va paulatinamente identificándose con la sociedad de la cual forma parte, la única ley general que se revela inexorablemente en el mundo sensible es la de la separatividad y la diferenciación.
Aunque la ciencia supone que la materia esta constituida de partículas elementales idénticas, lo que llevaría a unificar la naturaleza invisible de los seres hasta casi hacerlos derivar uno de otro, nunca ha podido mostrar dos seres idénticos, porque metafísicamente es imposible ya que toda repetición es inalcanzable. La ley de manifestación sobre la cual todos estamos de acuerdo es la de la separación y diferenciación, que se manifiesta en la singularidad de cada uno de nosotros.
Aparte de las características genéticas, un niño se separa de su madre desde su nacimiento y de su familia desde la edad adulta, con el fin de vivir su propia existencia de manera diferente a la de sus padres. Dos hermanos gemelos, nacidos de mismos padres, son naturalmente fraternos, pero igual así tienen diferencias, pues aunque iguales físicamente, son diferentes en grado y medida de sus desarrollos naturales y sobre todo medioambientales. La realidad social no quita a la realidad metafísica que hace que un ser viene a la vida distinguiéndose, diferenciándose e individualizándose de los demás.
Como resultado de esto, en un primer momento las aproximaciones de los individuos, mas que sus atracciones reciprocas, fueron sus necesidades comunes de subsistencias. Los seres no se juntaron ni se reunieron más que por el interés de beneficiarse de las posibilidades de los otros, respecto de lo que no sabían o no pudieron hacer u obtener por si mismos. Obtenían ventajas de la proximidad, ya sea para ejercer su poder de palabra, de procreación o para beneficiarse de las producciones colectivas, como también para protegerse de la agresividad de algunos o bien para dirigir a otros.
Por lo mismo, sustentarse socialmente ha estado determinado por premisas de aceptación mutuas.
Los sucesos han demostrado que el derrotero que ha tenido la conciencia humana, producto de la intolerancia y el egoísmo, ha trazado un camino sin retorno al lado más oscuro del alma y dan razón a las aseveraciones antes mencionadas.
Siglos de dominaciones sin contrapeso de sectores privilegiados, marcaron periodos avergonzantes en la historia humana, caracterizados por el desprecio hacia los valores y el derecho de las personas, llegando incluso al paroxismo, cuando la vida de las mismas llegaron a ser moneda corriente de cambio.
En la actualidad, a pesar de cambios culturales profundos, sobre todo en los últimos 200 años, con procesos revolucionarios que culminaron en la concepción antropocéntrica del hombre, tal como queda plasmado en las diferentes corrientes filosóficas, la intolerancia mantiene su vigencia, al observar a países que monopolizando recursos, tecnologías y bienes de capital en beneficio propio, se han convertido en los nuevos dueños del mundo. Caracterizados por el egoísmo y un afán de poder sin límites, han coartado las libertades a través del manejo del dinero y la concentración de riquezas a nivel mundial.
No podemos sustraernos a la conclusión de que las riquezas de los más adinerados se mantiene gracias al total abandono en que viven los más pobres, sobre todo por medio de la deuda internacional.
Además en este tiempo vemos con preocupación como los medio de comunicación manejan una influencia inmensa sobre los individuos, inimaginable hace un centenar de años.
Llamado el cuarto poder, confiere una responsabilidad primordial a quienes trabajan en ese medio, pero también a todos y cada uno de nosotros, quienes leemos y escuchamos lo que día a día llega a nuestros hogares. Como personas educadas y con opiniones formadas no estamos indefensos, pero evidentemente no es el mismo caso para gran parte de una sociedad permeable a las influencias, radicando ahí el abuso de un instrumento de concientización doctrinaria, con un fin especifico de influir sobre la forma de pensar sobre los usos y abusos de bienes y la forma de vivir la vida bajo una premisa consumista y relativa respecto a la cultura propiamente tal.
Todos tenemos responsabilidad en cierta medida por los problemas que padece en la actualidad el mundo profano.
La Fraternidad, en la forma como la humanidad biológica y racionalista adorna sus verdaderos intereses egoístas, nunca dejara de ser más que una formula perfectamente utópica.
Racionalmente es difícil comprender que quienes niegan este principio pueden dar coherencia a las nociones de Libertad, Igualdad y Fraternidad, en el mundo profano, de las cuales pueden ser los más ardientes propagandistas.
¿Porque tenemos que ser fraternales?
Primeramente por nuestra propia naturaleza humana. Una de nuestras necesidades fundamentales es precisamente la del afecto, el reconocimiento y la autoestima. El hombre esta preconcebido no solo para ser amado, sino también para amar, lo cual lo condiciona a entregar lo mejor de si cuando se relaciona con sus pares. Por lo mismo a pesar de todas las leyes que nos puedan diferenciar, no tenemos que olvidar que todos somos hermanos, hijos de la madre naturaleza y como tal debemos actuar en conciencia a nuestra propia esencia primigenia, tomando como base a la Solidaridad y la Tolerancia.
Es ahí el trabajo fecundo y trascendental de nuestra Orden a través de las herramientas que nos entrega para trabajar en ese campo fértil y llano que es nuestra propia conciencia, para así poder exaltar las virtudes morales intrínsecas que nos lleva a descubrir el auto conocimiento, eje fundamental para los trabajos de vida que tenemos que desarrollar con nuestros Hermanos tanto en nuestros talleres como también, y muy importante, fuera de ellos. Para ello tenemos que desprendernos paso a paso de esa pátina de egoísmo para allanar el camino hacia donde dirigir nuestros esfuerzos en busca de hacer fructíferos nuestros ímpetus e ideales fraternales.
La ceremonia de Iniciación tiende a provocar una mutación profunda en la estructura moral y existencial del profano. La intención es transformar a un hombre corriente promedio, en un hombre nuevo, digno, selecto y fraternal. Producto de su propia experiencia vivencial trabajar incansablemente en la perfección de su templo interior para construir una sociedad mas justa y solidaria.
Hemos sido elegidos y hemos hecho nuestra más pura libertad de elegir. Debemos no solo cumplir con las normas y leyes de nuestra Institución, sino también con las de nuestro corazón. Cuando aceptamos esta invitación, estamos también asumiendo un compromiso inmenso, comenzando por el desvastamiento de nuestra piedra bruta, como el estar conectados activamente en una cadena Universal. Cuando llegamos a comprender esto, estamos en camino de asumir que nuestras capacidades de crecer son tan infinitas como nuestras capacidades de dar amor. Los Masones estamos llamados a ser consecuente con esta elección; elegimos el camino menos transitado, y eso no hace mejores personas.
Como nuestra Orden persigue un fin meliorista, de búsqueda de la perfección, coincidimos que el fin Masónico, en términos generales, es el ennoblecimiento de la humanidad y contribuye para que la Libertad, la Tolerancia y la Fraternidad dejen de ser una utopía y se extiendan cada vez más por el mundo.
No es difícil apuntar a los numerosos factores que obran en contra de esta noción; las diferencia en la fe religiosa, el lenguaje, las costumbres, la cultura, etc.
La Fraternidad es en la Masonería el eje conducente y piedra angular del trabajo a realizar por los Hermanos para proyectarlo como contribución para el mejoramiento total de la sociedad, cuya completa concreción está lejana, pues cuando ello ocurra todos los hombres serán libres, iguales y Hermanos.
El Masón es un incansable obrero de esos ideales. Su vigencia ha permitido ahorrar males sociales y eliminar lacras que han sido el horror de la historia.
El eje fundamental para la concreción de esta virtud es el Amor, sentimiento altruista que debemos cultivar en pos de le felicidad de otras personas. Para concretar relaciones honestas entre los seres humanos, en particular entre los HH:. MM.:, tenemos que asumir la capacidad de amar que hemos desarrollado desde nuestra primera infancia, junto a los seres queridos, luego hacia los amigos y sobre todo hacia aquellos Hermanos que fueron testigos del renacer a una nueva vida al interior de nuestra Augusta Orden.
Como debe entenderse la Fraternidad Masónica
Dice el Q:. H:. Aldo Lavagnini, “Nunca podremos esperar una realización de Fraternidad diferente del entendimiento particular de cada cual. En otras palabras, no es suficiente que uno se llame Masón o que sea miembro de una hermandad para que los demás deban sentirse con derecho a exigir una manifestación de solidaridad en todos los campos de la vida, conforme a sus particulares ideales.
El Amor se da, pero nunca puede exigirse: lo mismo debe decirse de la Fraternidad, que no puede ser sino una manifestación de Amor. Ninguna verdadera y sincera manifestación de virtud puede obtenerse si no es en cuanto uno verdaderamente la siente y realiza interiormente: un Masón se hará verdadero Masón y Hermano, según sienta en sí mismo el Ideal Masónico y se reconozca como Hermano de los demás.
Primeramente será entre Hermanos, pues sólo los que la entienden y se reconocen como Hermanos pueden realizarla; pero, como el Amor no pude tener ningún limite verdadero, y no existe condición o estado en que no pueda manifestarse, no hay ser o manifestación de la vida Universal a quienes no pueda y deba extenderse. Esta es la Fraternidad de los Iniciados y de los verdaderos Maestros.
Debe considerarse como la suma y el complemento de la libertad individual y de la igualdad espiritual. “
Profundiza esta noción el simbolismo del collar de perlas que permite iluminar el acto ritual y final de la Cadena de Unión. En este símbolo la alineación circular de esferas adyacentes, vemos que, bajo esta forma, manifestada, ellas no son más que una sucesión de individualidades perfectamente aisladas y en modo alguno, unidas por si mismas. Es notable observar en esta figura que las diferentes esferas no pueden llegar a estar en contacto más que por medio de un solo punto, casi inmaterial. Este simbolismo nos revela que las perlas están unidas por un hilo que pasa por el centro de cada una de ellas. Si nos concentramos en la meditación, comprendemos que es imposible unir a los hombres de otra manera más que por sus centros respectivos, y ni siquiera por sus manos entrelazadas. Así el reconocimiento, seguido del conocimiento de su propio centro, por parte de cada hombre es lo único que puede engendrar la opción de Fraternidad, porque el hombre es de la misma naturaleza que dicho centro y porque proviene de la misma fuente, como indica expresamente el hilo que une las piedras. Pues aún cuando el hilo se rompa, las perlas no pierden por ello su centro.
La Fraternidad no reúne únicamente a los iniciados entre sí, sino que los une verdaderamente en el seno y en virtud de un mismo principio que justifica a la vez su Igualdad y su Libertad. Desaparecidas las individualidades que separan y revelada la identidad metafísica de su origen común, cada Hermano se descubre participe de las personalidades de los otros, como si estas no pudiesen mas que ser emanadas de su propio centro, que es el centro del corazón.
El Rito masónico no nos habla de ciencias pero nos lleva a ser conocedores; no nos explica la naturaleza del mundo pero nos hace comprender su sentido; no nos da directriz social alguna pero nos hace descubrir las leyes que deben regir y organizar las relaciones sociales; no desarrolla ninguna tesis sobre la historia del mundo pero nos hace descubrir su lógica; no está embarazada por ningún sentimentalismo sino que nos obliga a desarrollar nuestra intelectualidad con símbolos muy significativos, haciéndonos realizar la razón primera y única de nuestra libertad de opciones, de nuestra igualdad perfecta con respecto al infinito y de nuestra inevitable Fraternidad.
Las herramientas y los Ritos están destinados a obrar en el interior, en el silencio meditativo, el único capaz de hacer descubrir lo Real escondido bajo lo aparente, la causa en el efecto visible.
Algunos Masones no utilizan las herramientas que son los símbolos de la iniciación, más que para corregir sus comportamientos sociales y pretender cambiar así la humanidad.
Los Hermanos tanto en actitudes como en comportamientos, estamos llamados a dar buenos ejemplos. Tenemos que trabajar en mejorar las relaciones humanas tanto entre nosotros como con el resto de la sociedad.
Cuando hacemos hincapié en diferencias superficiales y por ello incurrimos en discriminaciones mínimas, aportamos un problema adicional, tanto a los demás como a nosotros, pues el género humano ya tiene bastantes problemas como es enfrentar la muerte, la vejez y la enfermedad, ni hablar del encuentro con las decepciones.
Como esto es algo que no se puede evitar, que sentido tiene el crear todavía más problemas innecesarios lisa y llanamente a cuenta de la diferencia en el modo de pensar o de la diferencia en el color de la piel.
Debemos desarrollar la noción de responsabilidad, pues cada uno de nuestros actos tiene una dimensión universal, además del idéntico derecho a la felicidad y a rehuir al sufrimiento que poseen los demás. Esto equivale a desarrollar una actitud mental y espiritual en razón de las cuales, cuando se presenta una oportunidad de ayudar a otros, lo hacemos sin considerar la búsqueda de nuestros estrechos intereses particulares y damos por sentado que lo que encontremos mas allá de nuestro espectro lo aceptamos como parte de la naturaleza.
Es beneficioso desarrollar esta condición ya que nos ayuda a ser mas sensibles con todos, no solo con quienes nos resultan mas cercanos, así llegamos a comprender la necesidad fundamental de apoyar fraternalmente a aquellos miembros de la familia humana que mas sufren.
V.: M.: y QQ.: HH.:, Existen concepciones y elementos fundamentales que ayudan en el entendimiento y a la práctica de la Fraternidad Masónica como tal, como eje primordial en las relaciones humanas. Cualidades que señalan el camino en pos de la fórmula hacia la integración de la humanidad, tan necesario por estos días. Quiero nombrarlas por ser virtudes intrínsecas a nuestra naturaleza, las cuales tenemos que cultivar en nuestros corazones, siguiendo la guía de nuestros Maestros, en los trabajos que realizamos día a día en nuestros talleres.
La Tolerancia: Del latín Tolerantia, que significa soportar, llevar un peso. Aceptar al otro como un legítimo otro, más aún, como alguien cuya porción de verdad tiene valor. Equivale a reconocer nuestra pertenencia a un mundo pluralista, comprendiendo que nadie es poseedor de la verdad absoluta, que todo fragmento de verdad se impone por si solo. Significa no prohibir cuando se tiene el poder de hacerlo, significa admitir en otros, ideas o acciones diferentes de las nuestras, aunque ello exige un gran esfuerzo social. Nace del suelo en que florecen las convicciones profundas, allí donde duele la presencia de plantas hostiles.
La Humildad: Desprendimiento total de la soberbia y de la arrogancia que forman parte de la estructura de nuestros egos. Para ello debemos replegarnos en la meditación profunda para sembrar en el fértil campo de la conciencia, la semilla que germinará en nuestros corazones, la condición de seres humanos nobles, generosos, poseedores de una conciencia social basada en la premisa de igualdad, justicia y amor. Debemos trabajar por la persecución de los fines más elevados sin descanso, observando una conducta ejemplizadora, tomando como experiencia el devenir existencial del hombre a través de su historia.
La Comunicación: La comunicación es un atributo de la relación humana y como tal, para nosotros no es un mensaje que va desde un emisor a un receptor a través de un medio, sino un contenido de conciencia que se comparte entre dos o mas conciencias. De hecho comunicarse significa fraternizar, vale decir, compartir con otro u otros las mismas ideas, principios y sentimientos.
Vivimos tiempos cruciales de cambio y adaptación y, a la vez, vivimos el tiempo de nuestra cotidianeidad. Para ello necesitamos comunicarnos y relacionarnos con honestidad, respeto y buena voluntad.
Relacionarse es una capacidad ontológica del ser humano y esta relacionado a lo instintivo, y en acciones que se expresan en el espacio exterior, pero que se dan y se viven en el espacio interior.
Los valores: Los valores son la esencia del desarrollo espiritual. Toda organización social se sustenta sobre principios y valores inherentes a nuestra propia naturaleza, por lo mismo debemos trabajar constantemente en pulir nuestra piedra bruta, para extraer de la misma, diamantes que brillen con la luz de la verdad, la ética, la moral y la virtud.
El Amor: Eje primordial de las relaciones humanas. Mediante el Amor se comparte el sufrimiento ajeno, reconociéndonos claramente en todos los demás, sobre todo en los más desfavorecidos, en aquellos cuyos derechos ni siquiera se respetan, ayudándoles a ser felices. Mediante la amabilidad, mediante la caridad, establecemos comprensión entre nosotros y los demás, de ese modo se forja la unidad y la armonía. Al ser las fuentes de la paz interior y exterior, son fundamentales en la continuada supervivencia de nuestra especie. El Amor no es un lujo, es la fuente de todas las cualidades espirituales; la Tolerancia, la Fraternidad y demás virtudes. Son precisamente estas virtudes que dan sentido a nuestros actos y los convierte en algo constructivo.
Descubrimos que cuando llegamos más allá de los estrechos confines del interés propio, nuestro espíritu se colma de fuerza para romper la idea de que mis intereses son independientes de los intereses de lo demás.
Más importante aún, en lo que a la ética se refiere, allí donde existe la Fraternidad, el afecto, la amabilidad y la Tolerancia, descubrimos que la conducta ética es algo automático. Las acciones éticamente íntegras surgen con toda naturalidad en el contexto de la Tolerancia.
CONCLUSIONES
El espíritu de la Masonería Universal se ha hecho sentir fuertemente en diferentes ámbitos y culturas, a través de enseñanzas, acciones concretas y ejemplos tendientes a resolver los problemas sociales de la humanidad.
Los preceptos de Libertad, Igualdad y Fraternidad serán los medios y la norma de conducta para estas soluciones.
Pero no serán conducentes hasta que hagamos conciencia de su verdadera naturaleza y contenido. Para ello el hombre necesita operar un cambio integral que implique una real toma de conciencia, aunque para esto se necesiten de varias generaciones.
El principal obstáculo en el mundo profano somos nosotros mismos; en lo individual somos egoístas, acomplejados, ignoramos los derechos de los demás, nos agredimos uno a otros psíquica y físicamente. En lo social o colectivo el progreso se entorpece por los intereses creados de grupos políticos, religiosos y económicos.
El problema fundamental es el estado mental del hombre y para cambiarlo se necesita una verdadera reeducación del adulto y una más inteligente educación del niño.
A nada conduce cambiar las estructuras sociales, mientras no haya hombres íntegros y bien preparados que las hagan operativas.
La mística masónica lleva muy arraigada el principio de Fraternidad, con el cual pondrá en equilibrio las fuerzas contrarias, generando con ello la luz de la verdad, la cual engendra la Libertad, justifica la igualdad y proporciona la llama del amor y el respeto entre los hombres.
Pero la Orden por si sola no basta, es la responsabilidad de todos los masones en particular y de toda la humanidad en general.
La Fraternidad se fundamenta en la experiencia de que todos somos Uno en lo universal. Las diferencias en conocimiento, situación económica, talento, etc., no existen en comparación con la esencia humana, común a todos las personas, donde podemos contemplar como principio básico en la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, la igualdad y por ende la máxima libertad para todos.
Entender la Fraternidad requiere el análisis de varios elementos que convierten de una u otra manera al hombre en un buscador de la verdad propiamente tal, la cual es el resultado de las vivencias que aportan al género humano la experiencia personal de cada uno, como piedras pequeñas en un camino muy grande que aun no se termina por recorrer. Para ello es fundamental insistir en la utilización incesante del mazo y el cincel, herramientas de nuestro grado, que permitirán hacer efectivas las virtudes y principios que de nosotros espera nuestra orden.


















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EXELENTES TEMAS Q.: H.: ESPERO ACEPTEN MIS CORREO PARA RECIBIR MAS LUZ EN EL ORIENTE DE CHETUMAL Q. ROO.