
En los misterios persas de Mitra se investía al candidato con un
cíngulo, una corona o mitra, una túnica de púrpura y, por último un
mandil blanco, en cuanto había recibido la luz tan solicitada.
En
las ceremonias iniciáticas practicadas en la India, se investía a los
candidatos con el "sash" o "zennaar" sagrado, compuesto de nueve hilos
que terminanaban en un nudo, y que pendía desde el hombro izquierdo a
la cadera derecha, semejante a la banda masónica.
La secta de
los esenios, que por su organización es la institución secreta de la
antigüedad más inmediata a la masonería, investía siempre a sus
candidatos con el ropaje blanco.
En los ritos escandinavos, en
que el genio militar de este pueblo creó una iniciación guerrera, se
entregaba al candidato un escudo blanco en vez de mandil, cuya
ceremonia iba acompañada de ciertas enseñanzas simbólicas, no muy
diferentes de las que se dan al entregar el mandil masónico al
iniciado.
En todas estas clases de investiduras e independientemente del material y de su forma, se trataba de expresar la idea de pureza.
La
adopción del mandil en la Masonería se debe indudablemente a la que los
albañiles empleaban en la Edad Media, como prenda necesaria para su
trabajo. Ellos los antiguos operarios nos han dejado como legado, su
nombre, su lenguaje técnico, su prenda de vestir, con la cual protegían
sus vestidos de las manchas que producía su trabajo.
Para los
Masones especulativos el recibir el Mandil es un distintivo de la
Masonería y la más honrosa de todas las condecoraciones humanas, porque
simboliza el trabajo, que es la única fuente de salud, de la virtud y
de la riqueza. Y eso da derecho a sentarse entre hermanos. Su blancura
es el emblema de la inocencia y del candor y da entender que así debe
reinar en nuestros corazones.



















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