De igual modo que por el hecho de ser admitido en una logia y portar un mandil no es sinónimo de dar la talla de buen masón/a. Lo mismo ocurre con el hecho de hablar en Logia.
Hay que tener en cuenta que la Logia es el lugar donde a través de un método, aprendemos a ampliar nuestro pensamiento y nuestro conocimiento de los distintos temas que en ella se plantean y con nuestro progreso personal, nuestro trabajo en pulir valores como es el respeto, la amistad, la sinceridad, la prudencia, la libertad hacia uno mismo y los demás, la templanza, la lealtad, la fraternidad… y un sinfín más, vamos adquiriendo un nuevo rostro, o acaso no estamos de acuerdo en que la cara es el espejo del alma?
El mundo se mueve por afinidades, por sectores de personas que son afines a algo en concreto, por eso la masonería si no existiera, habría que inventarla. Allí nos damos cita personas de diferentes culturas, profesiones, sectores sociales… eso no importa para que hablemos de la vida.
No nos mueve ni tan siquiera la idea de la hermana sentada a nuestro lado, me mueve mi razón, mi opinión, y como decía Voltaire “No estoy de acuerdo con lo que dices pero daría mi vida para que pudieras expresarlo”. He aquí que la libertad del pensamiento es la primera premisa para ejercer nuestra libertad de expresión, sin temores, sin represalias, sin ser juzgada por ello. Una buena masona debe saber, intuir, no caer en el error de la empatía, la empatía es efímera, viene y se va. La única manera de ser auténtica es siendo libre y sobretodo valiente. También podría asegurar que a las personas se les quiere por lo que son y entre esas cosas que hacen ser lo que somos también entra en ellas la discordia.
Qué pensará? ; Por el bien de…; ahora no es el momento; No estoy de acuerdo, entonces me callo…
Si cuando algo nos gusta aplaudimos entusiasmadas, por qué cuando algo no nos gusta tenemos tanto miedo en manifestarlo?
Si algo nos enseña la masonería es a admitir otras ideas, nos enseña a sintetizar para expresar, nos enseña que otras ideas en todos los casos enriquecen la tuya o la reafirma, nos enseña el derecho a guardarnos para nosotras mismas nuestra enseñanza particular, sin perpetuar nuestro discurso (al buen entendedor con pocas palabras, basta), y a querer igualmente que otros gocen de este mismo derecho.
Luego, en nuestras logias no se discute, se debate.

















